sábado, 6 de marzo de 2010
Esteban constitucionalista
La talanquera
La semana pasada Esteban ordenó a los diputados de la AN crear un instrumental jurídico para castigar a los parlamentarios oficialistas que "salten la talanquera". En realidad los mandó a cavar sus propias tumbas. Los puso a confeccionar urnas. Y lo hizo, como es habitual, sin pudor ni disimulo. Ese es el trato que merecen los traidores del "sueño de Bolívar", fuente de la moral revolucionaria. La jugada le sale redonda, además, porque ese instrumental implica un endurecimiento de la disciplina parlamentaria, que también será útil para neutralizar a los diputados de oposición en la próxima Legislatura.
viernes, 26 de febrero de 2010
Descifrando el Rompecabezas 2: Elefantes Mirandinos
Me decepciona que los dos se estén peleando por el primer puesto en la lista de Miranda. En primer lugar, en Miranda van a salir dos diputados por lista seguros, así que la pelea es dañina y solo responde a ganas de pelear entre sí, perdiendo el foco final. Por otro lado me decepciona que estos excelentes candidatos se lancen por escaños tan fáciles, dada la escasez de candidatos en circuitos nominales de Miranda. Por ejemplo, tanto William Ojeda como Juan Carlos Caldera son pésimos candidatos, y ninguno debería ser el uninominal por Petare. Por otro lado, en el circuito Plaza-Zamora-Caucaguita-La Dolorita, se necesitan líderes fuertes y con reconocimiento. Al ser un circuito tan grande y poblado, no va a servir un candidato local desconocido (he oído que el candidato de PJ será un tal Blandin que venía de UNT y es de Caucaguita).lunes, 8 de febrero de 2010
Socialismo vs libertad
Este es un mensaje para los trabajadores de las empresas “expropiables”, que básicamente son todas. Todos sabemos que donde se respete la propiedad privada habrá más inversión extranjera y nacional, lo cual crea empleos y progreso. Sin embargo, al Gobierno lo único que le interesa es tener control sobre nosotros, no la prosperidad. El socialismo no permite hombres libres y tiene un solo propietario.
Cuando leemos que “Venezuela ahora es de todos” nos preguntamos quién será ese señor “todos” que se quiere adueñar del país. Por ejemplo: los trabajadores de las empresas básicas expropiadas en Guayana, que creían que serían dueños de las empresas, ahora han perdido calidad de vida y libertad sindical desde que el señor “todos” es el dueño. Amigos que trabajan en instancias del Gobierno cuentan como cada vez que al señor “todos” le provoca tienen que ir a Caracas a marchar porque si no están botados, debiendo para ello dejar a la familia y perdiendo su tiempo de descanso. Estudiantes de una universidad gobiernera fueron botados porque protestaban por el cierre de un canal que al señor “todos” no le gustaba. Trabajadoras de la Gobernación de Sucre fueron despedidas por no querer inscribirse en el partido del señor “todos”. Cooperativas o empresas sociales son ayudadas sólo mientras le son fieles al jefe, al señor “todos”. Después de ver estos casos, ¿son libres quienes dependen de este Gobierno de hacer lo que crean mejor? Pues no. Al final siempre dependen de la voluntad del señor “todos”.
Este socialismo que nos quieren imponer nos convertirá en esclavos del señor “todos”, dado el continuo empeño de acabar con los empleadores privados para que dependamos exclusivamente del Gobierno. Entonces no podrás decir que piensas distinto sin ser botado. No podrás acusar a tu jefe ante un juez por no pagarte lo que corresponde, porque el que pone al juez y a tu jefe es el mismo, el señor “todos”. No podrás renunciar al jefe porque al final siempre tendrás el mismo, el Único, el que te impondrá siempre las mismas condiciones de “lealtad”.
No debemos jugar a la expropiación creyendo en promesas falsas, porque sabemos que nos espera la esclavitud socialista. Esto no implica ceder en las justas reivindicaciones laborales y reclamos a nuestros patronos. Nuestros jefes no son perfectos, pero al final siempre tienes la opción de otro trabajo con otro jefe. En el socialismo al que nos llevan no. Es mejor un mal jefe, con un Estado que te defienda con jueces, que ser esclavo del señor “todos”.
Paulelguezabalm@yahoo.com @PaulElguezabal (en twitter)
Manos blancas.
Juan Miguel Matheus
La fuente de la violencia de los últimos días no está en las manos blancas de los estudiantes. Está en las feroces injusticias procedentes del régimen de Hugo Chávez. Traerlo a colación es oportuno porque cada vez que el régimen muerde con su colmillo totalitario al Movimiento Estudiantil comienza una humareda de confusiones. Por un lado se disparan mentiras oficiales para mostrar a Chávez como un amante del orden constitucional, que no reprime sino a “provocadores, violentos, golpistas y apátridas”; y, por otro, se oyen las voces prudentes de algunos que desenfocan la lucha porque confunden no-violencia y pacifismo con la renuncia a los propios derechos.
Que la injusticia exista en la vida del hombre es un misterio. Así lo recordó recientemente Benedicto XVI. En su Mensaje para la Cuaresma 2010 se lee que “la injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal”. Lo que el Papa dice es corroborado por la historia. Los totalitarismos del siglo XX fueron desbordamientos de injusticias detrás de los cuales siempre hubo voluntades humanas concretas: Hitler, Stalin, Mao, etc. El totalitarismo evidencia que son los hombres quienes violentan la naturaleza humana y quienes crean situaciones de injusticia en las sociedades; lo cual coincide, en su esencia, con lo que ocurre en Venezuela.
La violencia se produce, entonces, cuando los estudiantes, con sus manos blancas, resisten tal desbordamiento de injusticias saliendo a las calles a protestar, a gritar la verdad y a ejercer sus derechos, es decir, cuando se rehúsan a vivir una vida de injusticias. En este punto el régimen pone la violencia. Trae consigo la represión como medio para eliminar esa resistencia, para obligar a vivir en la injusticia. Todo cuanto el régimen hace en este aspecto a través de los órganos de seguridad del Estado o a través del paraestado encabezado por Lina Ron tiene como objeto el despliegue absoluto, el desahogo total, de las injusticias en las cuales pretenden hacernos vivir quienes nos gobiernan.
En este sentido, la lucha de los estudiantes es invalorable en estos tiempos. Es rebeldía ante la injusticia, es una opción por la humanidad del hombre. Su reto es plantarse firmemente ante el régimen para que, a pesar de los riesgos de sufrimiento físico y/o moral que ello trae consigo, quede claro que los venezolanos somos humanos y, como tales, no merecemos vivir la miseria de una vida injusta. Los estudiantes no son violentos y están muy lejos de serlo. Por eso, a pesar de las mentiras oficiales y del susurro de las voces prudentes, deben seguir adelante con la pelea. La estudiantil debe ser, en definitiva, una lucha de humanización, que ansíe derrotar el mal con el bien. Así se han vencido los totalitarismos de la historia. Así volverá la libertad a Venezuela.
Twitter: @JuanMMatheus
martes, 26 de enero de 2010
¿Ineficiente o totalitario?
Entonces pregunto: ¿Por qué insistimos en enfocar la lucha solo hacia el lado de la ineficiencia del gobierno? Está muy claro que hay que transmitir mensajes que respondan las inquietudes de la Venezuela no política como el agua, la luz, la inseguridad, la inflación, etc. Pero debemos recordar que la libertad de expresión, los presos políticos, las expropiaciones, la criminalización de la protesta, en fin, la dominación de cada hombre a través de la mentira y el miedo son problemas tan importantes o más que los anteriores.
Paul Elguezabal
paulelguezabalm@yahoo.com @PaulElguezabal (twitter)
Constitución de transición
Lo que hace diez años se vendió como la panacea de todos nuestros males, como la piedra angular de la transformación del Estado y de la refundación de la República, hoy es desechado. La Constitución de 1999 peligra. Puede engrosar la lista de Constituciones postizas de nuestra historia republicana, esto es, la lista de aquellas Normas Fundamentales (26 en total) que precedieron a la Constitución de 1961 y que, como señaló el ex presidente Caldera, vieron la luz con el único propósito de simular la legitimidad jurídica de alguna autocracia militarista.
Ninguna de las postizas gozó de lo que hoy se considera un atributo esencial, sine qua non, en los textos constitucionales: la vocación de permanencia. Y la de 1999 tampoco posee esa vocación. Nunca la tuvo. En realidad, también es postiza. Aquello nació mal. Desde los puntos de vista moral, político y jurídico era imposible edificar un Estado constitucional con base en la bicha. Eso es lo que nos está recordando Hugo Chávez, nuestro saltatrás autocrático.
Tal vocación de permanencia no es una gratuidad histórica. Tampoco es consecuencia de una declaración formal, de una vivencia aparencial de principios. Por el contrario, es fruto de una aceptación honda y sincera de los principios de la democracia constitucional por parte de todos los componentes sociales, pero especialmente de aquellos en quienes recae la responsabilidad directa de crear las condiciones existenciales de la vida republicana. Son principios que nada tienen que ver con la ideología (socialismo del siglo XXI, marxismo) ni con la voluntad autocrática de poder (el Chávez esencial). O dicho de otro modo: son principios que sólo pueden subsistir si la ideología se ahoga en la verdad y si la voluntad autocrática de poder se ahoga en la razón.
Sólo si esos principios permean la conciencia colectiva y prevalecen arraigados en ella los pueblos cobran existencia republicana y tienden a la permanencia del orden constitucional, como expresión del orden de la razón. Por eso la pelea consiste en enfrentar a Chávez evitando que instrumentalice la Constitución de 1999 para borrar los surcos profundos de cultura democrática que fueron impresos en la sociedad venezolana bajo la vigencia de la Constitución de 1961. No podemos permitir que se nos coloque en un estado permanente de transición. Los venezolanos no queremos ni podemos vivir bajo la sombra de lo que Chávez entiende por Constitución de transición, que en realidad es destrucción.
Juan Miguel Matheus
jmmfuma@gmail.com