sábado, 6 de marzo de 2010

Esteban constitucionalista

Juan Miguel Matheus

Esteban está revelando su faceta de constitucionalista. Semana tras semana advierte que "el proceso constituyente de 1999 no ha concluido". Discreta, pero testarudamente muestra que de un momento a otro lo constitucional podría convertirse en el foco de sus afanes. Eso merece atención. El hecho de que sus afirmaciones hayan pasado casi inadvertidas no las hace inofensivas. Todo lo contrario. Por su naturaleza y por la materia a la cual se refieren son altamente dañinas. Son, en realidad, una amenaza. Conociéndolo, su ejecución es cuestión de tiempo y oportunidad.

La idea central del proceso de 1999 fue la supraconstitucionalidad del poder constituyente. Al pueblo (poder constituyente) se le subordinan permanentemente tanto las instituciones republicanas (poder constituido) como la propia Constitución. En criollo eso quiere decir que el pueblo hace lo que le da la gana, cuando le da la gana, con la AN, el Presidente, el TSJ, el CNE, el Poder Moral y el texto constitucional. Puede desbaratar el orden republicano a su antojo. Como diría Luis Castro Leiva, el soberano está en capacidad de "manducarse la República y formar, en un acto de participación política instantánea, una guarapita cívica".

La amenaza de Esteban significa, entonces, que el pueblo bolivariano está presto a manducarse las ruinas del orden republicano. Aguarda el llamado de la historia para devorar su propia creación: la Constitución de 1999. Asamblea Nacional Constituyente, enmienda o reforma. No importa. Cualquier cosa puede ocurrir. Es la misma espada de Damocles que pende sobre el pescuezo de nuestra convivencia política desde hace once años. ¿Y por qué el pueblo querría devorar su propia criatura? Porque Esteban lo desea. Conviene a la salud de su régimen. Allí estriba, precisamente, la maldad de la supraconstitucionalidad del poder constituyente. No es más que un artificio aprovechado por los juristas del terror para arropar con legitimidad democrática la voluntad totalitaria de Esteban. Pero todos sabemos que es Esteban y sólo Esteban el único que pisotea las instituciones republicanas y la Constitución para imponer sus designios de dominación total en Venezuela.

El antídoto al veneno del Esteban constitucionalista es una sana teoría de la Constitución, que ponga al pueblo en su sitio. Esteban no es el pueblo ni se identifica con éste. Ni siquiera es su voz. El pueblo, incluso correctamente entendido, es limitado. No es todopoderoso. Debe autolimitarse a través del respeto a los valores y principios que se ha dado a sí mismo en la Constitución. A Venezuela no volverá la República si alcahueteamos que, bajo la manipulación de Esteban y en nombre de la entelequia de la democracia participativa y protagónica, el pueblo sea infiel consigo mismo. La inculturación de la Constitución -hacerla vida en ciudadanos e instituciones- es una tarea pendiente. Eso vendrá. Aprenderemos a propósito de Esteban.

Twitter: @JuanMMatheus

La talanquera

Juan Miguel Matheus

La semana pasada Esteban ordenó a los diputados de la AN crear un instrumental jurídico para castigar a los parlamentarios oficialistas que "salten la talanquera". En realidad los mandó a cavar sus propias tumbas. Los puso a confeccionar urnas. Y lo hizo, como es habitual, sin pudor ni disimulo. Ese es el trato que merecen los traidores del "sueño de Bolívar", fuente de la moral revolucionaria. La jugada le sale redonda, además, porque ese instrumental implica un endurecimiento de la disciplina parlamentaria, que también será útil para neutralizar a los diputados de oposición en la próxima Legislatura.
Como suele ocurrir, el capricho de Esteban atropella la Constitución. Esta establece que los diputados no están "sujetos a mandatos ni instrucciones, sino sólo a su conciencia" (Art. 201). Esa norma recoge el principio de libertad de conciencia del parlamentario engendrado por Edmund Burke. Los representantes de la nación -dice el irlandés en su Discurso a los electores de Bristol- no deben sacrificar sus votos ni opiniones a mandatos provenientes del electorado, ni de ningún hombre ni de ningún grupo de hombres, cuando dichos mandatos sean contrarios a la razón, a la conciencia o al interés general. Un diputado traiciona la dignidad del oficio parlamentario y traiciona a la nación si actúa en contra de sus convicciones con el fin de congraciarse con aquellos de quienes depende su curul: el electorado, un partido o, en este caso, Esteban.
Entre los parlamentarios oficialistas hay muchos que siempre renunciarán a sus convicciones para mantenerse en la AN. Con eso preservan lo que Hannah Arendt denominó estatus de miembro del partido, que en un totalitarismo trae consigo alguna migaja de poder, riquezas y, lo más importante, el beneplácito del líder totalitario. También hay muchos otros enfrentando la "tentación" de seguir los dictados de la razón y actuar libremente, como los seres humanos. Así parece sugerirlo la reciente ola de renuncias en el Gabinete y el advenimiento de los ministros policamburistas.
Tanto a los primeros como a los segundos Esteban les reparte la misma medicina: terror. La talanquera simboliza el terror. En clave totalitaria representa prisión moral, esclavitud. Él sabe que su régimen se mantiene por el miedo y que quienes más sufren el miedo son los hijos de la revolución, especialmente su anillo más cercano. Por eso les muestra la fuerza de su poder omnímodo para acrecentar en ellos la zozobra del miedo. Los amedrenta enseñándoles las desgracias que sufrirían si saltan la talanquera.
Pero más allá de la talanquera, al otro lado suyo, se encuentra la libertad. Saltar la talanquera significa destruir el miedo. Es salir a la búsqueda de la conciencia para recuperar la libertad perdida. Saltar la talanquera supone, a pesar de los alaridos de Esteban y del daño que éste pueda causar, ganar el camino del servicio a la patria, reconciliarse con Venezuela.

Twitter: @JuanMMatheus

viernes, 26 de febrero de 2010

Descifrando el Rompecabezas 2: Elefantes Mirandinos


Como era de esperarse, han comenzado las peleas opositoras improductivas, y digo improductivas, porque se salen del foco de estas elecciones: ganar los 29 municipios “swing” (proyectando las últimas elecciones).  Está claro que lo que ocurra el 26S no dependerá de si María Corina Machado llegue por el Papaya, por buena candidata que sea.  ¡Es que si somos minoría, no importa la calidad de los candidatos!  Por esta razón, los buenos candidatos son los que deben darse cuenta, y lanzarse por donde la batalla es difícil, pero posible.  Más adelante iremos hablando de estos 29 municipios, y cómo hacer para ganarlos.
Volviendo a las peleas improductivas.  Un proverbio chino decía que cuando dos elefantes pelean, el único que sufre es la grama.  Yo digo: Cuando Enrique Mendoza y Julio Borges pelean, el único que sufre es el país.   No conozco a Enrique Mendoza personalmente, pero según me ha contado mucha gente de Petare, y el propio Carlos Ocariz (trabajo años con Mendoza), Enrique es un tipo trabajador, pateador de calle, y que su labor ha sido crucial en la composición actual de Miranda.  Por otro lado, conozco a Julio, y no solo me identifico muy de cerca ideológicamente y personalmente, sino que es uno de los pocos candidatos opositores que tienen fuerte llegada popular (regionalizada).  Tanto Julio como Enrique son grandes individualidades en la oposición, y cada uno tiene un trabajo particular valioso, con la diferencia que Julio es un constructor de partido que tiene equipo y construye equipo, y Enrique es más un trabajo individual.
Me decepciona que los dos se estén peleando por el primer puesto en la lista de Miranda.  En primer lugar, en Miranda van a salir dos diputados por lista seguros, así que la pelea es dañina y solo responde a ganas de pelear entre sí, perdiendo el foco final.  Por otro lado me decepciona que estos excelentes candidatos se lancen por escaños tan fáciles, dada la escasez de candidatos en circuitos nominales de Miranda.  Por ejemplo, tanto William Ojeda como Juan Carlos Caldera son pésimos candidatos, y ninguno debería ser el uninominal por Petare.  Por otro lado, en el circuito Plaza-Zamora-Caucaguita-La Dolorita, se necesitan líderes fuertes y con reconocimiento.  Al ser un circuito tan grande y poblado, no va a servir un candidato local desconocido (he oído que el candidato de PJ será un tal Blandin que venía de UNT y es de Caucaguita).
De este juego trancao se desprende mi propuesta: Enrique Mendoza se debe lanzar por Plaza/Zamora uninominal.  Julio Borges se debe lanzar por Petare, donde ya fue diputado en el pasado, y donde lo quiere mucho la gente, incluso desde la época del programa de TV.  William Ojeda y Juan Carlos Caldera se meten por la lista de suplentes de presos políticos.  De esta manera, un voto opositor en Miranda es un voto por los presos políticos.  Finalmente, en Los Salias-Guaicaipuro-Carrizal, Yon Goicoechea debe seguir pidiendo primarias, donde no creo que nadie le gane. 
Seguiremos viendo los acontecimientos, pero como opositores nos toca decirle a cada elefante que SEA VARON, y se lancen nominales.  Si siguen peleándose entre sí por la lista, tendremos Chávez pa’ rato.

lunes, 8 de febrero de 2010

Socialismo vs libertad

Paúl Elguezabal

Este es un mensaje para los trabajadores de las empresas “expropiables”, que básicamente son todas. Todos sabemos que donde se respete la propiedad privada habrá más inversión extranjera y nacional, lo cual crea empleos y progreso. Sin embargo, al Gobierno lo único que le interesa es tener control sobre nosotros, no la prosperidad. El socialismo no permite hombres libres y tiene un solo propietario.

Cuando leemos que “Venezuela ahora es de todos” nos preguntamos quién será ese señor “todos” que se quiere adueñar del país. Por ejemplo: los trabajadores de las empresas básicas expropiadas en Guayana, que creían que serían dueños de las empresas, ahora han perdido calidad de vida y libertad sindical desde que el señor “todos” es el dueño. Amigos que trabajan en instancias del Gobierno cuentan como cada vez que al señor “todos” le provoca tienen que ir a Caracas a marchar porque si no están botados, debiendo para ello dejar a la familia y perdiendo su tiempo de descanso. Estudiantes de una universidad gobiernera fueron botados porque protestaban por el cierre de un canal que al señor “todos” no le gustaba. Trabajadoras de la Gobernación de Sucre fueron despedidas por no querer inscribirse en el partido del señor “todos”. Cooperativas o empresas sociales son ayudadas sólo mientras le son fieles al jefe, al señor “todos”. Después de ver estos casos, ¿son libres quienes dependen de este Gobierno de hacer lo que crean mejor? Pues no. Al final siempre dependen de la voluntad del señor “todos”.

Este socialismo que nos quieren imponer nos convertirá en esclavos del señor “todos”, dado el continuo empeño de acabar con los empleadores privados para que dependamos exclusivamente del Gobierno. Entonces no podrás decir que piensas distinto sin ser botado. No podrás acusar a tu jefe ante un juez por no pagarte lo que corresponde, porque el que pone al juez y a tu jefe es el mismo, el señor “todos”. No podrás renunciar al jefe porque al final siempre tendrás el mismo, el Único, el que te impondrá siempre las mismas condiciones de “lealtad”.

No debemos jugar a la expropiación creyendo en promesas falsas, porque sabemos que nos espera la esclavitud socialista. Esto no implica ceder en las justas reivindicaciones laborales y reclamos a nuestros patronos. Nuestros jefes no son perfectos, pero al final siempre tienes la opción de otro trabajo con otro jefe. En el socialismo al que nos llevan no. Es mejor un mal jefe, con un Estado que te defienda con jueces, que ser esclavo del señor “todos”.

Paulelguezabalm@yahoo.com @PaulElguezabal (en twitter)

Manos blancas.

Juan Miguel Matheus

La fuente de la violencia de los últimos días no está en las manos blancas de los estudiantes. Está en las feroces injusticias procedentes del régimen de Hugo Chávez. Traerlo a colación es oportuno porque cada vez que el régimen muerde con su colmillo totalitario al Movimiento Estudiantil comienza una humareda de confusiones. Por un lado se disparan mentiras oficiales para mostrar a Chávez como un amante del orden constitucional, que no reprime sino a “provocadores, violentos, golpistas y apátridas”; y, por otro, se oyen las voces prudentes de algunos que desenfocan la lucha porque confunden no-violencia y pacifismo con la renuncia a los propios derechos.


Que la injusticia exista en la vida del hombre es un misterio. Así lo recordó recientemente Benedicto XVI. En su Mensaje para la Cuaresma 2010 se lee que “la injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal”. Lo que el Papa dice es corroborado por la historia. Los totalitarismos del siglo XX fueron desbordamientos de injusticias detrás de los cuales siempre hubo voluntades humanas concretas: Hitler, Stalin, Mao, etc. El totalitarismo evidencia que son los hombres quienes violentan la naturaleza humana y quienes crean situaciones de injusticia en las sociedades; lo cual coincide, en su esencia, con lo que ocurre en Venezuela.

La violencia se produce, entonces, cuando los estudiantes, con sus manos blancas, resisten tal desbordamiento de injusticias saliendo a las calles a protestar, a gritar la verdad y a ejercer sus derechos, es decir, cuando se rehúsan a vivir una vida de injusticias. En este punto el régimen pone la violencia. Trae consigo la represión como medio para eliminar esa resistencia, para obligar a vivir en la injusticia. Todo cuanto el régimen hace en este aspecto a través de los órganos de seguridad del Estado o a través del paraestado encabezado por Lina Ron tiene como objeto el despliegue absoluto, el desahogo total, de las injusticias en las cuales pretenden hacernos vivir quienes nos gobiernan.

En este sentido, la lucha de los estudiantes es invalorable en estos tiempos. Es rebeldía ante la injusticia, es una opción por la humanidad del hombre. Su reto es plantarse firmemente ante el régimen para que, a pesar de los riesgos de sufrimiento físico y/o moral que ello trae consigo, quede claro que los venezolanos somos humanos y, como tales, no merecemos vivir la miseria de una vida injusta. Los estudiantes no son violentos y están muy lejos de serlo. Por eso, a pesar de las mentiras oficiales y del susurro de las voces prudentes, deben seguir adelante con la pelea. La estudiantil debe ser, en definitiva, una lucha de humanización, que ansíe derrotar el mal con el bien. Así se han vencido los totalitarismos de la historia. Así volverá la libertad a Venezuela.


jmmfuma@gmail.com

Twitter: @JuanMMatheus

martes, 26 de enero de 2010

¿Ineficiente o totalitario?

Al ver las consignas y los pesares de la gente, surge la pregunta: ¿Este gobierno es ineficiente o totalitario? Es Ineficiente por los problemas de electricidad, agua, inseguridad e inflación que, entre otros, sufrimos a diario. Y es totalitario porque su objetivo es un nuevo "republicano" hecho a la medida del marxismo hacia el cual quiere llevar a los venezolanos a través del miedo y la mentira, asumiendo cada faceta de nuestras vidas como la educación, el trabajo, etc., con su ideología inspirada en resentimiento y odio. Definitivamente este gobierno es ineficiente y totalitario a la vez.

Entonces pregunto: ¿Por qué insistimos en enfocar la lucha solo hacia el lado de la ineficiencia del gobierno? Está muy claro que hay que transmitir mensajes que respondan las inquietudes de la Venezuela no política como el agua, la luz, la inseguridad, la inflación, etc. Pero debemos recordar que la libertad de expresión, los presos políticos, las expropiaciones, la criminalización de la protesta, en fin, la dominación de cada hombre a través de la mentira y el miedo son problemas tan importantes o más que los anteriores.

Puede ser verdad que esos problemas no suben cerro. Pero son problemas de suprema gravedad. Por tanto sólo le pido a la Venezuela política que los agreguen a sus discursos (después de hablar de las ineficiencias claro). El que se dedica a la política debe guiar a la gente, no ser guiados por ella. Vamos a responder a los clamores de la gente por la ineficiencia del gobierno porque eso es necesario. Pero también aprovechemos para abrirle los ojos sobre la calaña del gobierno que los atemoriza y engaña para dominarlos a su antojo.

La solución parece ser no dejar pasar ningún arrebato a la libertad de expresión, a la propiedad privada, en fin, a la libertad, para hacer lo que hacen los estudiantes: cobrársela. Así se lo pensará mejor. Con protestas se paró la encarceladera, la ley sapo, no cerraron TVS, etc. Además, la protesta fue clave para ganar la reforma constitucional en 2007, demostrando así que también es útil para lo electoral. Y este camino electoral también hay que jugarlo con todas las fuerzas, aprovechando para llegarle a cada venezolano, para liberarlo de la mentira y el miedo. Sin duda el 26S es una oportunidad de oro para frenar las injusticias del gobierno. Pero por favor: que eso no implique renunciar a la protesta.

Sigamos el ejemplo de los estudiantes. No desmayemos. Con la verdad por delante acabaremos con esta pesadilla sin fin y lograremos tener un país libre.


Paul Elguezabal
paulelguezabalm@yahoo.com @PaulElguezabal (twitter)

Constitución de transición

La semana pasada Hugo Chávez embistió contra la Constitución de 1999. Esta vez lo hizo directamente. No mediaron sus apéndices. La toga de Luisa Estela Morales, el verbo sofista de Carlos Escarrá y el terrorismo penal de Luisa Ortega Díaz brillaron por su ausencia. Los “juristas del régimen” no recibieron orden de ultrajar el texto constitucional. Fue el Comandante mismo quien dijo que “la Constitución de 1999 es una Constitución de transición”.

Lo que hace diez años se vendió como la panacea de todos nuestros males, como la piedra angular de la transformación del Estado y de la refundación de la República, hoy es desechado. La Constitución de 1999 peligra. Puede engrosar la lista de Constituciones postizas de nuestra historia republicana, esto es, la lista de aquellas Normas Fundamentales (26 en total) que precedieron a la Constitución de 1961 y que, como señaló el ex presidente Caldera, vieron la luz con el único propósito de simular la legitimidad jurídica de alguna autocracia militarista.

Ninguna de las postizas gozó de lo que hoy se considera un atributo esencial, sine qua non, en los textos constitucionales: la vocación de permanencia. Y la de 1999 tampoco posee esa vocación. Nunca la tuvo. En realidad, también es postiza. Aquello nació mal. Desde los puntos de vista moral, político y jurídico era imposible edificar un Estado constitucional con base en la bicha. Eso es lo que nos está recordando Hugo Chávez, nuestro saltatrás autocrático.

Tal vocación de permanencia no es una gratuidad histórica. Tampoco es consecuencia de una declaración formal, de una vivencia aparencial de principios. Por el contrario, es fruto de una aceptación honda y sincera de los principios de la democracia constitucional por parte de todos los componentes sociales, pero especialmente de aquellos en quienes recae la responsabilidad directa de crear las condiciones existenciales de la vida republicana. Son principios que nada tienen que ver con la ideología (socialismo del siglo XXI, marxismo) ni con la voluntad autocrática de poder (el Chávez esencial). O dicho de otro modo: son principios que sólo pueden subsistir si la ideología se ahoga en la verdad y si la voluntad autocrática de poder se ahoga en la razón.

Sólo si esos principios permean la conciencia colectiva y prevalecen arraigados en ella los pueblos cobran existencia republicana y tienden a la permanencia del orden constitucional, como expresión del orden de la razón. Por eso la pelea consiste en enfrentar a Chávez evitando que instrumentalice la Constitución de 1999 para borrar los surcos profundos de cultura democrática que fueron impresos en la sociedad venezolana bajo la vigencia de la Constitución de 1961. No podemos permitir que se nos coloque en un estado permanente de transición. Los venezolanos no queremos ni podemos vivir bajo la sombra de lo que Chávez entiende por Constitución de transición, que en realidad es destrucción.

Juan Miguel Matheus
jmmfuma@gmail.com