sábado, 13 de marzo de 2010

Incertidumbre en la economía

Antonio Yánez


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No deja de sorprender como, en menos de un mes, se han producido tantas medidas oficiales que alteran radicalmente el curso de los negocios en Venezuela. Se ha vuelto normal y cotidiano el anuncio de una expropiación, un programa de reducción de consumo eléctrico con amenaza de corte indefinido al comercio o una devaluación con efectos retroactivos, que afectó toda importación que no había sido liquidada por Cadivi al 8 de enero, así tuviera más de un año de antigüedad, y que se trató de corregir posteriormente por la vía de un convenio cambiario, que tuvo a su vez una improvisada enmienda. Estas medidas tienen un factor común al que quiero referirme: acentúan la incertidumbre en la economía.
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La incertidumbre dificulta el ejercicio pleno de la capacidad creativa y emprendedora que, irónicamente, nos ha destacado a los venezolanos en el mundo. Por una parte, miles de emprendedores abandonan sus proyectos al ver lo difícil que es planificar algo en un contexto tan inestable y, en consecuencia, optan por desarrollar sus ideas en otros países; y por la otra, se vuelve imposible ejecutar muchos proyectos grandes, lo cual afecta seriamente la inversión de largo plazo. En cambio, prolifera una actitud meramente extractiva y de altos retornos entre la gente de negocios (no se invierte sino que se busca únicamente alto y rápido rendimiento), y se refuerzan las ya duras barreras de entrada a nuevos inversionistas, principalmente a los pequeños, en beneficio de las empresas poderosas ya establecidas, que son las únicas que pueden costear con relativa facilidad el esfuerzo gerencial y los recursos jurídicos que se necesitan para afrontar la incertidumbre.
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La incertidumbre es también un disparador esencial de la inflación. En una economía donde nadie sabe cuánto costará el dólar el día de mañana, ni cómo, cuánto o a quién se le otorgarán las divisas oficiales; donde pocos entienden las subastas cambiarias del Banco Central, que lejos de estabilizar el mercado, han sido una muestra de inconsistencia extrema en criterios de asignación y frecuencia; donde cualquier bien puede escasear repentinamente y cualquier activo ser expropiado; es natural que suban todos los precios a una velocidad innecesariamente alta y en detrimento de los consumidores.
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En un entorno con estas características no puede desarrollarse un sector productivo sano y, mucho menos, que contribuya eficientemente al bienestar general. A este paso, las distorsiones serán cada vez más frecuentes, sus efectos más perversos, y será aún más evidente el fracaso económico. Ojala, de este lamentable deterioro, al menos resulte un aprendizaje económico colectivo: que el populismo y los "costos políticos" dejen de ser un motivador tan importante en la conducción del país, y adquiramos como sociedad una cultura económica que nos permita entender y apoyar programas económicos que verdaderamente conduzcan al desarrollo.
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twitter: @antonioyanezs

lunes, 8 de marzo de 2010

Devastar propiedad, devastar libertad // Juan Miguel Matheus

Hugo Chávez ha minado todos los pilares de nuestro orden social. Entre ellos, por supuesto, la propiedad privada. Lleva once años en ese plan. Sin embargo, la violencia del discurso anti-propiedad de los últimos meses no tiene parangón. Tampoco el número de expropiaciones. Ambas cosas reflejan el propósito de avanzar hacia una suerte de solución final en este tema. Chávez sabe que eso equivale a cultivar la semilla de la lucha de clases, que ansía hacer crecer. Pero sobre todo, sabe que atentar contra la propiedad conlleva a la expansión de su poder totalitario.


La propiedad es un elemento esencial para el normal desenvolvimiento de la vida social. Es un fenómeno radicalmente humano. Procede del esfuerzo personal por hacer rendir las propias capacidades. En este sentido, la propiedad es fruto del trabajo. Allí estriba su dignidad. Con ella se alcanza la satisfacción de las necesidades materiales más elementales, lo cual crea un espacio de autonomía indispensable para el desarrollo integral de las personas concretas y de las familias. Por eso la Doctrina Social de la Iglesia, la teoría política y la teoría económica son contestes en concebir la propiedad como una ampliación de la libertad.


Cuando Chávez arremete contra la propiedad irrumpe en ese espacio de autonomía. Penetra dimensiones de la vida humana que, por su naturaleza, están reservadas a las personas y a las familias. Son ámbitos que sólo pueden florecer al margen de la arrogancia del poder. Esto trae consigo efectos muy perniciosos. A través del afán anti-propiedad Chávez se coloca en posición de frustrar la creatividad humana. Apaga la vitalidad de las familias y neutraliza la subjetividad de la sociedad. Aniquilando la libertad económica se aniquila la libertad política y, a la postre, la libertad misma. Devastando la propiedad se devasta la libertad. Eso fue lo que hicieron los totalitarismos del siglo XX, es lo que subyace a su pomposa autoproclamación marxista y es lo que prueba irrefutablemente que el socialismo del siglo XXI no es una empresa de liberación sino un proyecto de dominación: a Chávez le importa el poder, no los pobres.


A pesar de todo, la sociedad resiste. Venezuela sigue siendo el cuero seco que tanto inquietó a Guzmán Blanco. Es verdad que Chávez avanza con impunidad en sus intentos de devastar la propiedad. Pero también es verdad que lograremos detenerlo. Mientras más avanza más se hace patente la injusticia intrínseca de su régimen. Genera ánimos de lucha. Engendra deseos de justicia. Eso es una constante histórica. Como señaló Juan Pablo II en su Encíclica Centesimus Annus, la caída de los comunismos de la Europa oriental estuvo precedida por violaciones a los derechos de los trabajadores, de los que más sufren el peso de las carencias materiales, y por colapsos económicos cuya raíz fue, precisamente, el irrespeto de la propiedad privada. Amor, sin justicia, no es amor.


jmmfuma@gmail.com
Twitter: @JuanMMatheus

domingo, 7 de marzo de 2010

El Rey está desnudo// Vaclav Havel

Disurso de Vaclav Havel en la Universidad Internacional de la Florida,
dirigido a los ciudadanos cubanos.
Florida, 25 de Septiembre de 2002
Señor Presidente,
Distinguidos invitados,
Señoras y Señores,
Ciudadanos de Cuba que nos oyen,
Por primera vez en mi vida estoy en la Florida y, al mismo tiempo, es el último estado de los Estados Unidos de América y del continente americano que visito en mi cargo de Presidente de mi país. Soy yo quien ha elegido la Florida y lo hice para saludar, desde aquí, a todos los cubanos, es decir, a los que viven aquí y también a los que tienen su casa en la Isla.
Toda persona moderna y de pensamiento libre siente o debería sentir solidaridad con todos aquellos a quienes se impide vivir en su patria o visitarla libremente, y también con los que se ven obligados a vivir en ella en permanente miedo, y con los que no pueden salir y luego regresar a ella con toda normalidad.
Sin embargo, hay personas que por principio deberían sentir esa solidaridad con mayor intensidad que otros. Me refiero a los que hemos conocido en nuestras propias carnes la fuerza de la vida en un sistema totalitario de corte comunista o a los que intentamos incluso presentar resistencia a ese sistema y al mismo tiempo tuvimos la oportunidad de conocer la gran importancia que tenía la solidaridad y la ayuda de personas de países más libres.
Pienso que uno de los instrumentos más diabólicos del avasallamiento de los unos y del embelesamiento de los otros es el especial lenguaje comunista. Es un lenguaje lleno de señuelos, esquemas ideológicos, flores retóricas y estereotipos idiomáticos; un lenguaje capaz, por una parte, de maravillar enormemente a las personas que no hayan descubierto su falsedad o a las que no hayan tenido que vivir en ese mundo manipulado por ese lenguaje, y, al mismo tiempo, un lenguaje capaz de despertar en otras personas el miedo y el terror, obligándolas a disimular permanentemente.
También en mi país hubo generaciones enteras de personas que se dejaron desorientar por ese lenguaje lleno de bonitas palabras sobre la justicia, la paz, la necesidad de luchar contra los que, supuestamente en interés de las fuerzas del mal, se oponen al poder que utiliza ese lenguaje.
La gran ventaja de ese lenguaje es que todo está enlazado en firmes acoplamientos mutuos de un sistema cerrado de dogmas que excluyen todo lo que no encaja en él. Cualquier idea un tanto original o independiente, igual que la propia palabra que no se utiliza en el lenguaje oficial, se encasilla en la correspondiente categoría de subversión ideológica, incluso antes de ser pronunciada. La red de dogmas que justifican cualquier arbitrariedad del poder suele tener la forma de una utopía, es decir, la de una construcción artificial del mundo que contiene en sí, automáticamente, toda una gama de razones de por qué es preciso oprimir, prohibir o aniquilar cualquier cosa que rompa con los moldes o que sobresalga, y, todo ello, en aras de un futuro más feliz.
Es cómodo aceptar este lenguaje, creer en él o por lo menos amoldarse a él. Es muy difícil mantenerse firme, por mucho que esté cien veces presente el sentido común, pues eso significa rebelarse contra el lenguaje del poder o simplemente no emplearlo. El sistema de persecuciones, prohibiciones, denunciantes, elecciones de participación obligatoria, delación, censura, sistema al que siguen los campos de concentración, va envuelto en un hermoso lenguaje que no vacila en denominar a la esclavitud una forma superior de libertad, al pensamiento independiente una servidumbre al imperialismo, al espíritu de iniciativa humana una depauperación de los otros y a los derechos humanos un invento de la burguesía.
La experiencia de mi país es simple: cuando se ahonda la crisis interna del sistema totalitario hasta el punto en que es evidente para todos, y cuando un número cada vez mayor de personas logra emplear su propio lenguaje y rechazar el lenguaje charlatán y mentiroso del poder, la libertad se encuentra sorprendentemente cerca, incluso a corto alcance. Y de repente salta a la vista que el "rey está desnudo" y el misterioso resplandor de la palabra libre y del comportamiento libre son mucho más fuertes que el más poderoso ejército, que la policía, que las estructuras de las organizaciones del partido o del máximo poder de la economía gestionada centralmente y centralmente destruida, y de los medios de comunicación centralmente avasallados, los principales cultivadores del lenguaje mentiroso de la utopía oficial.
Nuestro mundo, en su conjunto, no se encuentra en buen estado y avanza por un derrotero muy ambiguo. Empero, esto no quiere decir que tengamos el derecho de abandonar la libre y culta reflexión y reemplazarla por un conjunto de utópicas frases hechas. Con ello no mejoraríamos el mundo, sino que seguiríamos empeorándolo. Significa, por el contrario, que debemos hacer más por nuestra propia libertad y por la de los demás.
Deseo a todos los cubanos una vida en libertad, alegría por la independencia y prosperidad.
¡Deseo que se conceda el Premio Nobel de la Paz a Oswaldo Payá Sardiñas, gran luchador por los derechos humanos en Cuba, y que ese premio refuerce el valor de todos los cubanos para resistir sin violencia al régimen violento!

Les agradezco su presencia y su atención.

sábado, 6 de marzo de 2010

Focus 29

Estos son los municipios donde debemos enfocar el esfuerzo, calidad de candidatos y la plata. Los otros o ya estan "ganados"(igual no debemos dormirnos) o estan muy cuesta arriba (no implica abandonarlos). Lo que implica es que debemos darle prioridad a estos circuitos. Con estos se puede lograr la mayoria, es donde se hara la diferencia.
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Este fue un trabajo del Grupo La Colina que llego a nuestras manos y quisimos promoverlo. Esta basado en los resultados de las elecciones regionales del 2008.

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Circuitos Accesibles (Diferencia menor a 6% en 2008) senalados con (*) y circuitos Posibles (Diferencia entre 6% y 10%) los otros senalados en este post.
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-Anzoategui
1*: Cantaura-Sur
2: Anaco
3: Piritu
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-Aragua
1*: Maracay
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-Barinas
1: Sta Barbara
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- Bolivar
1: Cd Bolivar
2: Pto Ordaz-San Felix
3: Upata-El Callao
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-Carabobo
2: San Joaquin-Guacara
5: Valencia (Sta Rosa)
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-Distrito Capital
2: 23 de Enero
4: Valle-Coche
5: Antimano-Caricuao
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-Falcon
2: Pto Fijo
3: Coro
4: Tucacas
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-Lara
1:Barquisimeto (Union, Cuji)
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- Merida
1: El Vigia-Tovar
4*: Ejido-Sur
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- Nva Esparta
*: Macanao
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-Tachira
1*: San Antonio-Rubio
3: La Grita
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-Yaracuy
3*: San Felipe
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-Zulia
1*: Machique
4: Maracaibo (PIV, VP, ABR)
8*: San Isidro
9*: San Francisco
10*: Sta Rita-Cabimas
12*: Colon
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Disculpen la ausencia de acentos, el teclado no esta en castellano.

TSJ o veneno positivista

Juan Miguel Matheus


Hugo Chávez no es justiciable. Ni siquiera cabe amagar con un antejuicio de mérito en su contra. Quien lo intente puede ir a la cárcel. Así lo declaró la Sala Plena del TSJ en una inefable sentencia. Todos sabemos que sobran razones para condenar a Chávez. De hecho, cuando su régimen caiga, ése será uno de los temas centrales de la transición democrática. Pero "por ahora" está blindado. El máximo tribunal de la República Bolivariana lo vacunó contra la justicia.
La posibilidad de enjuiciar al Presidente es uno de los símbolos republicanos más poderosos. No se trata de una mera previsión constitucional. Es la máxima expresión de la sumisión del poder al derecho, que caracteriza a las democracias constitucionales. Todo poder es justiciable. A pesar de la importancia de su investidura, ningún ciudadano puede ser sustraído del imperio de las leyes. De ese modo se garantizan la libertad política, los derechos fundamentales y la supremacía de la Constitución. Un Estado de Derecho deja de serlo cuando en él se enquistan estructuras que privilegian la inmunidad del poder y el despliegue de la arbitrariedad.
Entre nosotros se ha enquistado una estructura de esa naturaleza. Su savia es un veneno positivista que sacrifica la justicia a las formas y procedimientos. El contenido de los actos jurídicos ya no importa. Tampoco su conformidad o no con la Constitución. Lo relevante es que emanen de los poderes del Estado y sean ejecutados. Aquí aparece el TSJ. Su rol dentro de la arquitectura del régimen es simular el cumplimiento de las formas jurídicas. Se encarga de manipular la Constitución y las leyes con una única finalidad: alcanzarle a Hugo Chávez la inmunidad de su poder arbitrario.
Pero lo más tóxico del veneno positivista producido por el TSJ es que la voluntad sustituye a la razón como la medida del orden en la convivencia política. Reduce las relaciones humanas a tensiones de poder. Termina ocurriendo que justicia no es lo que indica el orden moral sino lo que conviene al más poderoso; lo cual, concretado en la realidad venezolana, se traduce en que justicia es lo que conviene a Hugo Chávez. Nada más. Por eso es imposible ganarle un pleito al régimen en algún tribunal de la República Bolivariana y por eso el Presidente no es un ciudadano justiciable.
Afortunadamente, en estas circunstancias, el TSJ no tiene la última palabra en materia de justicia. Lo justo y lo injusto no dependen de los argumentos de sus magistrados. Dependen de la verdad en sentido objetivo, del orden moral. En ello nada tiene que ver lo que convenga al poder de Hugo Chávez. La estructura de veneno positivista caerá. Entonces emergerá la auténtica justicia. La República se desintoxicará. Recobraremos la paz social y la tranquilidad volverá al espíritu de los venezolanos. Mientras tanto salgamos del actual juego de mentiras. Llamemos las cosas por su nombre: justicia a lo justo e injusticia a lo injusto.
Twitter: @JuanMMatheus

Esteban constitucionalista

Juan Miguel Matheus

Esteban está revelando su faceta de constitucionalista. Semana tras semana advierte que "el proceso constituyente de 1999 no ha concluido". Discreta, pero testarudamente muestra que de un momento a otro lo constitucional podría convertirse en el foco de sus afanes. Eso merece atención. El hecho de que sus afirmaciones hayan pasado casi inadvertidas no las hace inofensivas. Todo lo contrario. Por su naturaleza y por la materia a la cual se refieren son altamente dañinas. Son, en realidad, una amenaza. Conociéndolo, su ejecución es cuestión de tiempo y oportunidad.

La idea central del proceso de 1999 fue la supraconstitucionalidad del poder constituyente. Al pueblo (poder constituyente) se le subordinan permanentemente tanto las instituciones republicanas (poder constituido) como la propia Constitución. En criollo eso quiere decir que el pueblo hace lo que le da la gana, cuando le da la gana, con la AN, el Presidente, el TSJ, el CNE, el Poder Moral y el texto constitucional. Puede desbaratar el orden republicano a su antojo. Como diría Luis Castro Leiva, el soberano está en capacidad de "manducarse la República y formar, en un acto de participación política instantánea, una guarapita cívica".

La amenaza de Esteban significa, entonces, que el pueblo bolivariano está presto a manducarse las ruinas del orden republicano. Aguarda el llamado de la historia para devorar su propia creación: la Constitución de 1999. Asamblea Nacional Constituyente, enmienda o reforma. No importa. Cualquier cosa puede ocurrir. Es la misma espada de Damocles que pende sobre el pescuezo de nuestra convivencia política desde hace once años. ¿Y por qué el pueblo querría devorar su propia criatura? Porque Esteban lo desea. Conviene a la salud de su régimen. Allí estriba, precisamente, la maldad de la supraconstitucionalidad del poder constituyente. No es más que un artificio aprovechado por los juristas del terror para arropar con legitimidad democrática la voluntad totalitaria de Esteban. Pero todos sabemos que es Esteban y sólo Esteban el único que pisotea las instituciones republicanas y la Constitución para imponer sus designios de dominación total en Venezuela.

El antídoto al veneno del Esteban constitucionalista es una sana teoría de la Constitución, que ponga al pueblo en su sitio. Esteban no es el pueblo ni se identifica con éste. Ni siquiera es su voz. El pueblo, incluso correctamente entendido, es limitado. No es todopoderoso. Debe autolimitarse a través del respeto a los valores y principios que se ha dado a sí mismo en la Constitución. A Venezuela no volverá la República si alcahueteamos que, bajo la manipulación de Esteban y en nombre de la entelequia de la democracia participativa y protagónica, el pueblo sea infiel consigo mismo. La inculturación de la Constitución -hacerla vida en ciudadanos e instituciones- es una tarea pendiente. Eso vendrá. Aprenderemos a propósito de Esteban.

Twitter: @JuanMMatheus

La talanquera

Juan Miguel Matheus

La semana pasada Esteban ordenó a los diputados de la AN crear un instrumental jurídico para castigar a los parlamentarios oficialistas que "salten la talanquera". En realidad los mandó a cavar sus propias tumbas. Los puso a confeccionar urnas. Y lo hizo, como es habitual, sin pudor ni disimulo. Ese es el trato que merecen los traidores del "sueño de Bolívar", fuente de la moral revolucionaria. La jugada le sale redonda, además, porque ese instrumental implica un endurecimiento de la disciplina parlamentaria, que también será útil para neutralizar a los diputados de oposición en la próxima Legislatura.
Como suele ocurrir, el capricho de Esteban atropella la Constitución. Esta establece que los diputados no están "sujetos a mandatos ni instrucciones, sino sólo a su conciencia" (Art. 201). Esa norma recoge el principio de libertad de conciencia del parlamentario engendrado por Edmund Burke. Los representantes de la nación -dice el irlandés en su Discurso a los electores de Bristol- no deben sacrificar sus votos ni opiniones a mandatos provenientes del electorado, ni de ningún hombre ni de ningún grupo de hombres, cuando dichos mandatos sean contrarios a la razón, a la conciencia o al interés general. Un diputado traiciona la dignidad del oficio parlamentario y traiciona a la nación si actúa en contra de sus convicciones con el fin de congraciarse con aquellos de quienes depende su curul: el electorado, un partido o, en este caso, Esteban.
Entre los parlamentarios oficialistas hay muchos que siempre renunciarán a sus convicciones para mantenerse en la AN. Con eso preservan lo que Hannah Arendt denominó estatus de miembro del partido, que en un totalitarismo trae consigo alguna migaja de poder, riquezas y, lo más importante, el beneplácito del líder totalitario. También hay muchos otros enfrentando la "tentación" de seguir los dictados de la razón y actuar libremente, como los seres humanos. Así parece sugerirlo la reciente ola de renuncias en el Gabinete y el advenimiento de los ministros policamburistas.
Tanto a los primeros como a los segundos Esteban les reparte la misma medicina: terror. La talanquera simboliza el terror. En clave totalitaria representa prisión moral, esclavitud. Él sabe que su régimen se mantiene por el miedo y que quienes más sufren el miedo son los hijos de la revolución, especialmente su anillo más cercano. Por eso les muestra la fuerza de su poder omnímodo para acrecentar en ellos la zozobra del miedo. Los amedrenta enseñándoles las desgracias que sufrirían si saltan la talanquera.
Pero más allá de la talanquera, al otro lado suyo, se encuentra la libertad. Saltar la talanquera significa destruir el miedo. Es salir a la búsqueda de la conciencia para recuperar la libertad perdida. Saltar la talanquera supone, a pesar de los alaridos de Esteban y del daño que éste pueda causar, ganar el camino del servicio a la patria, reconciliarse con Venezuela.

Twitter: @JuanMMatheus